Negligencias médicas en operaciones de columna
Guía clara para reclamar por negligencias médicas en operaciones de columna: pruebas, indemnizaciones y pasos clave con apoyo pericial especializado.
Índice
- Qué es negligencia en cirugía de columna
- Derechos del paciente e información preoperatoria
- Tipos frecuentes de errores quirúrgicos
- Diagnóstico, seguimiento y pruebas clave
- Plazos y vías para reclamar
- Cómo probar la mala praxis
- Indemnizaciones y baremo
- Pasos prácticos tras una negligencia
- Casos habituales en cirugía de columna
- Preguntas frecuentes
Qué es negligencia en cirugía de columna
Cuando hablamos de negligencias médicas en operaciones de columna, nos referimos a actuaciones u omisiones que se apartan de la lex artis, es decir, del estándar profesional exigible a cualquier cirujano ortopédico o neurocirujano en circunstancias similares. La columna vertebral es una estructura compleja que protege la médula y las raíces nerviosas, de modo que cualquier intervención (discectomías, artrodesis, descompresiones, cifoplastias o laminectomías) exige planificación rigurosa, indicación adecuada, técnica depurada y vigilancia posoperatoria. Un resultado adverso no implica, por sí solo, negligencia; es preciso identificar un error evitable, una falta de información adecuada o un incumplimiento de protocolos que haya causado un daño real y cuantificable.
Los supuestos más comunes incluyen operar sin indicación clara, implantar material inadecuado, lesionar estructuras nerviosas por falta de control radiológico, no detectar una infección posquirúrgica a tiempo o no informar de alternativas y riesgos específicos como el déficit neurológico, el fracaso de la fusión o la necesidad de reintervención. En cada caso, se analiza si otro profesional medio, con la misma especialidad y medios razonables, habría actuado distinto y evitado el daño. Por eso, la evaluación pericial independiente es clave.
Clave práctica: documentar la evolución clínica desde el preoperatorio hasta el alta y las revisiones. La trazabilidad clínica permite reconstruir si la actuación se ajustó a la lex artis.
En la vía legal, demostrar la negligencia exige tres piezas: la existencia de una infracción del deber profesional, un daño cierto (lesión, secuelas o fallecimiento) y la relación causal entre ambos. Si falta alguno de estos elementos, la reclamación puede debilitarse. Por ello, no basta con alegar dolor persistente tras la cirugía: hay que vincularlo a una actuación incorrecta o a un seguimiento deficitario que, razonablemente, pudo y debió evitarse.
Derechos del paciente e información preoperatoria
Antes de una operación de columna, el paciente tiene derecho a una información suficiente, comprensible y personalizada sobre el diagnóstico, el objetivo de la intervención, sus alternativas (conservadoras y quirúrgicas), los riesgos frecuentes y graves, el pronóstico y el impacto funcional esperado. El consentimiento informado no es un mero formulario: debe reflejar un diálogo real donde se resuelvan dudas y se ajusten expectativas. En cirugías vertebrales, es esencial explicar riesgos como lesión neurológica, infección, pseudoartrosis, sangrado, trombosis, dolor residual, síndrome de espalda fallida y necesidad de reintervención.
La falta de información adecuada puede ser, por sí misma, fuente de responsabilidad, incluso si la técnica fue correcta. Cuando el riesgo no comunicado se materializa y condiciona la vida del paciente (por ejemplo, una parálisis o un dolor radicular crónico), puede reclamarse por vulneración del derecho a la autonomía. En la práctica, los tribunales valoran si el centro entregó documentos comprensibles, firmados con fecha, y si existe constancia en la historia clínica de la explicación y de las preguntas del paciente. Igualmente, debe constar la indicación quirúrgica tras agotarse o plantearse alternativas como fisioterapia, analgesia guiada, infiltraciones o espera vigilante.
- Consentimiento informado individualizado y fechado.
- Anotaciones de visitas preoperatorias con dudas resueltas.
- Registro de alternativas terapéuticas y su valoración.
- Entrega de guías o folletos cuando existan, añadidos a la historia.
Si el documento de consentimiento es genérico, incompleto o no aborda riesgos relevantes de la cirugía propuesta, ese déficit informativo puede fundamentar una reclamación, aun sin error técnico.
Tipos frecuentes de errores quirúrgicos
En la práctica pericial, los errores se agrupan en: indicación (operar donde no tocaba o demasiado pronto), planificación (no solicitar resonancia/TC actualizadas o no evaluar comorbilidades), ejecución técnica (nivel equivocado, descompresión insuficiente, lesión radicular o dural, tornillos mal posicionados, falta de control fluoroscópico), material y esterilidad (implantes inadecuados o rotura, profilaxis antibiótica deficiente) y vigilancia posoperatoria (no detectar síndrome compartimental, hematoma epidural, fuga de LCR o infección). Cada categoría tiene indicadores objetivos que se comprueban en quirófano y en la evolución clínica.
Por ejemplo, el “nivel equivocado” puede probarse con las imágenes intraoperatorias y el correlato radiológico posoperatorio; una instrumentación mal alineada se aprecia en radiografías y TC; una infección por gérmenes hospitalarios requiere demostrar que no se aplicaron protocolos de esterilidad o que hubo demora injustificada en el diagnóstico y tratamiento. Asimismo, los fallos en profilaxis tromboembólica o en el manejo del dolor pueden generar estancias prolongadas y secuelas evitables.
- Errores de nivel: intervención en vértebra equivocada.
- Lesión de raíz nerviosa o médula por técnica deficiente.
- Implantes mal posicionados, aflojamiento o rotura.
- Infecciones nosocomiales por fallos de esterilidad o demora diagnóstica.
- Pseudoartrosis por inadecuada preparación lecho óseo o insuficiente fijación.
La clave está en cruzar tiempos clínicos (síntomas) con tiempos diagnósticos y terapéuticos. Las demoras injustificadas en pruebas o reintervenciones suelen ser decisivas en la pericia.
Diagnóstico, seguimiento y pruebas clave
En columna, la correlación clínico-radiológica es esencial. Antes de la cirugía deben existir exploración neurológica completa, resonancia magnética o TAC actualizados y, si procede, electromiografía. Tras la intervención, el seguimiento debe documentar fuerza, sensibilidad, reflejos, dolor y marcha, complementado con control radiológico de implantes y, ante señales de alarma (fiebre, dolor desproporcionado, déficit motor súbito, incontinencia), solicitar de inmediato pruebas de imagen para descartar hematoma, compresión, fuga de LCR o infección profunda.
En reclamaciones, estas pruebas son el corazón de la causalidad: permiten demostrar si el daño deriva de la técnica o de una complicación no abordada a tiempo. Por ejemplo, un síndrome de cola de caballo exige diagnóstico y descompresión urgente; la demora puede ocasionar secuelas irreversibles. Del mismo modo, un tornillo pedicular que invade el canal o foramen puede justificar una reintervención temprana para evitar lesión permanente. Si no se actuó con la diligencia debida, la responsabilidad es exigible.
- RM/TAC pre y posoperatorios correlacionados con clínica.
- Radiografías dinámicas para valorar estabilidad e instrumentación.
- Analítica con reactantes de fase aguda en sospecha de infección.
- Informes de control del dolor y rehabilitación funcional.
Consejo probatorio: solicita copia íntegra de la historia clínica, incluidas imágenes DICOM y registros de quirófano (implantes, tiempos, incidencias, antibióticos).
Plazos y vías para reclamar
La estrategia jurídica depende del tipo de centro (público/privado), de la relación contractual y de la póliza aseguradora. En centros públicos, la reclamación suele tramitarse por responsabilidad patrimonial de la Administración sanitaria; en privados, por responsabilidad contractual y extracontractual frente al hospital, la aseguradora y/o el profesional. También es posible la vía penal en supuestos graves. Los plazos de prescripción y caducidad son determinantes, por lo que conviene actuar con rapidez desde que se conocen el daño y su posible causa.
Además, puede existir cobertura de seguro de salud o de accidentes que interactúe con la reclamación principal. Es importante identificar a todos los potenciales responsables y requerir extrajudicialmente, interrumpiendo la prescripción. Una valoración pericial temprana orienta si conviene reclamar de forma directa o abrir una negociación con la aseguradora, aportando la documentación clínica y un dictamen fundamentado.
- Identifica la vía (administrativa, civil o penal) adecuada al caso.
- Interrumpe plazos con reclamación previa documentada.
- Valora mediación/negociación con aseguradora cuando sea oportuno.
- Conserva pruebas y evita declaraciones sin asesoramiento.
Planifica la vía procesal con calendario de hitos: obtención de historia clínica, informe pericial, reclamación previa, respuesta aseguradora y, si procede, demanda.
Cómo probar la mala praxis
La prueba pivota en tres fuentes: documental (historia clínica completa, consentimiento, protocolos, partes de quirófano, registros de implantes), pericial (traumatología, neurocirugía, rehabilitación, dolor) y testifical (equipo sanitario y entorno del paciente). El informe pericial debe explicar con claridad cuál era la alternativa diligente y cómo el error u omisión concreta produjo el daño, descartando causas ajenas inevitables. Es útil incorporar cronogramas que muestren la relación temporal entre signos, pruebas y decisiones.
Es frecuente que los centros aleguen complicaciones no imputables. La pericia robusta diferencia entre complicación inevitable (pese a actuación correcta) y complicación evitables por falta de diligencia, demora o técnica inapropiada. También conviene recabar segundas opiniones y valorar informes de rehabilitación que acrediten limitaciones funcionales, bajas laborales y dependencia para actividades básicas.
- Cuadro de secuelas con códigos y porcentajes orientativos.
- Pruebas de impacto laboral y económico (nóminas, vida laboral).
- Informes psicológicos por dolor crónico/ansiedad postquirúrgica.
Buen informe pericial = hechos, lex artis aplicable, análisis causal, cuantificación del daño y conclusiones comprensibles para el juez.
Indemnizaciones y baremo
La cuantía indemnizatoria se calcula atendiendo a secuelas físicas y neurológicas, perjuicio moral, días de curación, pérdida de calidad de vida, daño emergente (gastos médicos, farmacéuticos, rehabilitación, ayudas técnicas) y lucro cesante (salarios dejados de percibir, perjuicios en la carrera profesional). En lesiones vertebrales son habituales secuelas como dolor crónico, limitación de movilidad, radiculopatías, síndrome de espalda fallida, incontinencia, disfunciones sexuales o limitaciones para esfuerzos y posturas mantenidas.
Para sustentar la cuantificación, es imprescindible un inventario económico: facturas de tratamientos, desplazamientos, adaptaciones del hogar, bajas e incapacidades, así como un dictamen que relacione cada gasto con la negligencia. De igual modo, los testimonios del entorno ayudan a acreditar el perjuicio moral y la pérdida de calidad de vida. La proyección futura (rehabilitación continuada, medicación crónica, reintervenciones) debe contemplarse a valor presente.
- Secuelas neurológicas y funcionales debidamente codificadas.
- Días de curación y perjuicio moral temporal.
- Daños emergentes: tratamientos, ayudas técnicas y cuidados.
- Lucro cesante e impacto profesional acreditado.
Consejo: presenta una tabla clara con conceptos, importes, justificantes y relación causal. La claridad documental acelera negociaciones con aseguradoras.
Pasos prácticos tras una negligencia
Si sospechas de negligencia en una operación de columna, actúa en paralelo en dos frentes: clínico y jurídico. En lo clínico, busca segunda opinión y estabiliza el daño con el especialista adecuado; no retrases pruebas urgentes si hay signos neurológicos. Solicita copia integra de la historia clínica sin filtros: incluye imágenes, quirófano, medicación, controles de infección, partes de anestesia y hoja de implantes. En lo jurídico, interrumpe plazos con una reclamación formal, conserva toda la comunicación y evita declaraciones improvisadas.
Encarga cuanto antes un informe pericial independiente que evalúe la lex artis y la causalidad. Con ese dictamen, define la estrategia: negociación con la aseguradora, reclamación administrativa o demanda judicial. Mantén un registro de dolor, limitaciones, bajas y gastos con fechas; ese “diario de secuelas” es muy persuasivo ante el juez. Finalmente, valora apoyos psicológicos y sociales: el daño tras una cirugía vertebral fallida afecta a la esfera emocional y familiar, y también es indemnizable cuando se acredita.
- Solicitar historia clínica completa y en formato digital.
- Conseguir informe pericial técnico y cronograma del caso.
- Reclamar por escrito y guardar acuses de recibo.
- Cuantificar el daño con facturas, nóminas y certificados.
Checklist útil: historia clínica, imágenes DICOM, consentimiento, informe pericial, cuantificación, reclamación previa, propuesta de acuerdo o demanda.
Casos habituales en cirugía de columna
Entre los casos que más se reclaman destacan: hernia discal mal indicada (operación prematura o en nivel incorrecto), descompresión insuficiente con persistencia de radiculopatía, artrodesis fallida por pseudoartrosis o mala instrumentación, cifoplastia con filtración de cemento y compresión neural, infecciones profundas por retraso diagnóstico, hematomas epidurales no detectados a tiempo y tornillos pediculares que invaden canal/foramen. También se ven daños por anestesia regional, mal posicionamiento en mesa quirúrgica con lesiones por presión, y errores de identificación de nivel por falta de marcaje intraoperatorio riguroso.
Cada patrón tiene vías probatorias específicas. Por ejemplo, el nivel equivocado se acredita con radios intraoperatorias y marcaje; la pseudoartrosis con ausencia de fusión en imágenes y dolor mecánico persistente; la infección con cultivos, curvas febriles y reactantes; la lesión radicular con EMG y exploración neurológica. El objetivo es conectar el hecho negligente con una secuela concreta y cuantificable, demostrando que otra actuación diligente habría evitado el resultado.
- Hernia discal en nivel incorrecto o sin correlación clínica.
- Instrumentación mal posicionada y desalineación vertebral.
- Infección profunda con retraso en desbridamiento/antibióticos.
- Hematoma epidural no diagnosticado a tiempo.
- Pseudoartrosis y necesidad de reintervención.
En todos los escenarios, la anticipación procesal y la pericial sólida suelen propiciar acuerdos indemnizatorios sin necesidad de llegar a juicio.
Preguntas frecuentes
¿Un mal resultado quirúrgico siempre es negligencia? No. Es necesario demostrar que el profesional se apartó de la lex artis y que ese apartamiento causó el daño. Complicaciones inevitables, aun con actuación correcta, no generan responsabilidad.
¿Qué documentos debo pedir al hospital? Historia clínica completa, consentimiento informado, parte de quirófano, registros de anestesia, hoja de implantes, protocolos aplicados, pruebas de imagen en DICOM y analíticas.
¿Necesito un perito para reclamar? Sí, en la práctica es imprescindible. Su informe explica la infracción de la lex artis, la causalidad y valora las secuelas para cuantificar la indemnización.
¿Puedo reclamar si firmé el consentimiento? Sí. Firmar no blinda errores técnicos y, además, si la información fue insuficiente o genérica, puede reclamarse por vulneración del derecho a la autonomía.
¿Cuánto tarda el proceso? Depende de la vía (negociación, administrativa, judicial) y de las pruebas. Un expediente bien documentado y un informe pericial sólido suelen acortar tiempos y favorecer acuerdos.
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